9 de septiembre de 2018

LA MIRADA DEL VERBO




Me siento en el borde de la cama cuidando de no romper la calma de la noche. No quiero revelar mi presencia. Apenas oigo tu respiración mientras duermes. Observo las líneas femeninas que la colcha marca, al contraste de la luz azulada que entra por las ventanas, y que te cubre, pudorosa, desde el escote hasta los tobillos, dejando tus pies desnudos.

Me dejo caer a tu lado con suavidad. El aroma natural de tu piel mezclado con un recuerdo del perfume que usas, envuelve la cama. Lo inspiro lentamente hasta llenar mis pulmones y, como si de una prueba de apnea se tratara, aguanto la respiración sumergiéndome entre las olas de tu pelo.

Salgo a la superficie con una pizca de ti en mí. Espero el efecto sosiego que solo tú sabes regalarme. Mi ternura está amotinada en la yema de los dedos que amenazan con tocarte, pero siquiera te rozo. 

Sobre la cama tus manos que caen en pensamientos sobre mi pecho, agarradas a mis hombros o guiando mi cintura hacia la tuya, de manera salvaje. Salivo y se me eriza la piel. Cierro los ojos para no mirarte y, aún así, veo pasar imágenes incompletas de ambos arrancándonos el alma con la boca.

Intento controlar la respiración. Me separo aún más, pero mi vista alcanza otra perspectiva de tu cuerpo, irresistible en su sensualidad. Ahora, tu dócil silueta es arte clandestinamente vivo. Debería sentir vértigo y, sin embargo, solo noto la fuerza con la que me arrastras a tu lado.

Reposo mi cabeza en la almohada. Pongo la mano sobre tu abdomen y a su contacto, empiezan a sosegarse mis sentidos.

Soy parte de un estado completamente nuevo, de un verbo creado por y para nosotros, imposible de adjetivar o de conjugar por nadie que no seamos tú y yo.

                                                         Josetxu Erreke®2018


                                               El Pla de los dos Pinos a primeros de septiembre 2018

Escrito en Ultraversal Foro Literario