11 de marzo de 2018

• ALCOHOBA EN QUIEBRA •






Eslaboncito de celda
para mis huesos te quiero.

Grillos y grilletes cierran
la inocencia de este preso
que escribe y, también ruega,
desde este Penal sin puerto,
le manden unas candelas
y un pan con risas y excesos,
de esos que nunca meriendas;
los mismos que yo no ceno.


Pero hoy me recomiendan
de tu cuerpo ser interno,
hasta aumentar mi condena,
contigo, al exceso eterno. 

Guitarra de doce cuerdas
con la docena al viento, 
vuelan y caen las prendas.
Frente al sincero espejo
bailas y me contorneas
tus dos caras a un tiempo,
para que sólo yo te vea
rabiar llena de deseo.


Bendecido  me encomiendas
- entre unas piernas de miedo -
la cruz que tu escote enseña
un agnusdeí maquiavelo,
tributo a esas caderas,
que riman, sin romancero,
con mis dos manos en ellas.
(Que Dios me salve primero)

En el túnel de tu ombligo
viajo centro de la tierra,
las cascadas de rocio
caen al jardín que riega,
tulipanes color vino,
el orbe perdido de gleba,
que Dios olvidó cuando hizo
esta ecuación, de pena.


Y construyó el paraíso,
dentro de una flor de Esgueva*
que abre en tono prohibido
en tu alcohoba en quiebra.

Palmas de Semana Santa
dan sombra a dos caramelos.


Yo, en mi inocencia inata
en sobres de trerciopelo,
aparecen en mi cama
dientes de "te echo de menos"
debajo de mi almohada

y me siento un niño terco
buscándote por la casa,
lo mismo que un seis de enero.


En el water descanso hasta
que el reloj cambia de tercio,

la ducha es una asta mala
que me abre entrañas y pecho;
y qué alegría tan ancha
cuando al mirarme por dentro,
te veo a mí abrazada.




Josetxu Erreke®Elgran Ausente

Ronessa, madrugada del de marzo 2018



(*) Quien dice el Río Esgeva, dice... un piso de Usera, por ejemplo. 









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