1 de junio de 2017

•LUNA ENTEJADA• (Las Lunas de Tejada II )







Las Lunas de Tejada, 10 años después 

Sobre el puente cansada y distraida 
el sueño de ayer roe aún su mente, 
envuelta en la gris bruma de la ría, 
brilla, como herida aún caliente. 
El cliché de una mueca le caía 
a sus pies, diciendo lo siguiente: 
dónde está el capullo que me envía 
sobres sin señas, ni el remitente... 

Despertó la bella, adherente 
al cristal de la sexta ventanilla. 
¿Quė carajo hago aquí con ėsta gente? 
en voz baja chistó a una chiquilla. 
En el tren, el verano y su bombilla

diezmando va su luz fluorescente, 
yo venía del mar y ella de una villa, 
vizkaína; Durango, exactamente. 

Si el acaso, nos juntó calle arriba, 
yo no fui culpable; ni inocente. 
No es este paraíso que prohíba 
librarnos de estas ropas con la mente. 
En la noche granada, buganvillas 
azules campanean al relente,  
premonición mía que amartilla 
la imaginación que arde paciente. 

Las ojeadas, de pronto, se escurrían, 
calles oscuras láten excitantes... 
plazas y callejones se vacían 
cuando el deseo envida a ser amantes. 
Los pasos paran, como manecilla 
de un viejo reloj,  pero su valiente 
boca besó la mía y, a cuchilla, 
ensancha el cordiale a todo entente.

Se desató, sin tregua, dos guerrillas 
en un zaguán sin freno y en pendiente, 
entre abrazos suicidas, y anillas 
que, en mi torso, estiró sádicamente, 
olía a adoquines de capilla, 
a techos de pizarra, a eco ahuyente, 
a saliva y a sexo que acribilla 
la conciencia, el recato y la mente. 

Su secreto podó bien, y a hurtadillas, 
la raíz de la noche inobediente, 
me empujó a un coupe, a toda pastilla, 
rasgándonos la ropa con los dientes. 
Colgó suave su anillo de pedida 
del piercing de mi pecho palpitante, 
se tragó su pieza en su bebida, 
brindando, en sus zapatos de piel de ante. 

Vimos menguar la luna; nos advertía... 
y en plan "ex presitdiario busca amante" 
como si no existiera más que un día, 
ardió Roma, Troya y Alicante. 
Desgajamos la luna que vestía 
los caminos de luz azul bramante, 
estiramos un adiós que se sabía, 
que rompería en fatuo y gris instante. 

Cansados por las idas y venidas, 
calzamos con arcilla los gigantes, 
tiramos, sin guardar, al mar las bridas 
y los trenes pasaron por delante. 

Josetxu Erreke